Qué molesta…(II) Fiscalía y judicatura


          Después del uno, el dos, suelen decirnos cuando se nos amontona la faena. Y, aunque en el mundo del espectáculo se diga que nuca segundas partes fueron buenas, a veces sí lo son. Y no hay que ser El juez para juzgarlo ni hacen falta Doce hombres sin piedad para acreditarlo.

Ya vimos en la anterior entrega de esta serie cómo había unas cuantas cosas que molestan a abogados y abogadas en nuestro teatro. A la recíproca, también desde las otras partes de estrados tenemos nuestras manías, nuestra filias y nuestras fobias, algunas justificadas y algunas injustificables. De todo, como en botica.

Una vez más, escribo este post con la inestimable colaboración de juristas twitteros. Ahora bien, como decía en el anterior, las señorías puñeteras en redes, vengan de las fiscalías o de la judicatura, somos muchas menos. Lo que hace todavía más de agradecer las aportaciones, que sumo a mi propia experiencia. Que sea lo que Dios quiera.

Se quejan algunos magistrados y magistradas de alguna que otra trampita procesal que yo también he detectado. Se trata de pedir una aclaración que es casi como un recurso. O sin casi. Pretender convertir la posibilidad de aclarar en una suerte de tercera instancia está fuera del propósito de dicha institución. Y tampoco lo está eso que llaman “complemento” y que se convierte en un cajón de sastre. Aunque tampoco está bien que las sentencias sean tan parcas que necesiten de aclaraciones siempre. Ni calvo ni siete pelucas.

Otra de las cosas que pueden llegarnos a sacar de quicio son los escritos o informes innecesariamente kilométricos. En Justicia, donde, habida cuenta la carencia de medios, el tiempo es oro, se hace más real que nunca lo de que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Repetir y repetir la misma idea no hace más que agotar la paciencia de Sus Señorías. Aunque esta paciencia a veces sea bien corta. Sobre todo, cuando no queda otra que celebrar quince juicios en una misma mañana. Si papá estado tuviera a bien darnos más medios, probablemente esa paciencia podría estirarse como un chicle de buena calidad y las repeticiones no crisparían tanto, pero es lo que hay. En cualquier caso ¿para qué usar una hora en lo que se puede decir en 10 minutos? No se trata de mermar el derecho de defensa sino de optimizar el tiempo que, como sabemos, es un bien escaso.

Tanto en la judicatura como en la fiscalía hay una cosa que nos pone de los nervios. Que no contesten a lo que preguntamos, que se vayan por los cerros de Úbeda o que se atropellen unos letrados a otros. A mí, particularmente, como fiscal, me molesta que informen mirándome a la cara y dirigiéndose a mí cuando el informe se dirige a Su Señoría, sobre todo, cuando se hace con gesto desafiante para decirme de todo menos guapa. Eso sí, “en estrictos términos de defensa”, una especie de comodín del público donde hay quien cree que cabe todo. Incluso la prepotencia, una mal del que se quejan de todos los lados de estrados, venga de donde venga. Y con razón

Otra de las cosas en las que coincidimos es en lo que nos molesta la cantidad de señalamientos que hay que poner cada día porque no nos queda otra si no queremos señalar a cuatro años vista. Lo malo de esto es que al final, nos enfrenta en vez de unirnos. La abogacía se queja de que se acumulan retrasos insufribles y, quienes permanecemos en la sala ventilándonos un juicio tras otro llega un momento en que no damos más de nosotros mismos. Yo siempre digo que cuando llega la hora de comer me falla el riego. Además de que me hacen unos ruidos la tripa que esto segura que se podrían escuchar en toda la Ciudad de la Justicia.

Al Ministerio Fiscal, además, nos toca mucho las narices que se olvide de notificarnos las cosas, o de decirnos que algo se ha suspendido. O, lo que es peor, el famoso juicio sorpresa cuyas citaciones nunca llegaron. Reconozco que cubrir el expediente lo cubrimos porque nos llaman y el pobre al que pillen de incidencias hace lo que puede, pero nunca lo que hubiera hecho si le hubieran dejado prepararse el juicio. Es lo que hay. También me altera mucho que digan que continuemos el juicio que empezó otro porque el Ministerio Fiscal es único. Será único, pero no tenemos los cerebros interconectados. Aún. Y sin haber leído los autos no nos llegan por telepatía.

Aunque si quieres molestar a un fiscal, hay dos cosas con las que ganas su enemistad eterna: si le dices que es menos que el juez o si le repites la matraca de las órdenes del gobierno.

Por supuesto, a Sus Señorías les molestaras si haces exactamente lo contrario: decir que el fiscal trabaja más o cuestionar su independencia.

Tontunas nuestras porque mientras nos peleamos por un quítame ahí esas pajas, seguimos sufriendo una carencia de todo de la que, por costumbre o resignación, ni siquiera nos quejamos, Y eso sí sería para ponerse de los nervios.

Por último, he de afirmar que tanto a jueces y juezas como a fiscales nos molesta e indignan los problemas de la abogacía a la hora de cobrar el turno de oficio. Creer que es solo problema de ellos es un error de bulto. Y tenía que decirlo para dar al menos un pequeño espaldarazo a sus reivindicaciones

La lista de quejas podría ser eterna, aunque al final todo se reconduce a lo mismo: la Justicia es la hermanita pobre de la Administración. Y por eso voy a dar el aplauso de hoy a quienes tienen claro que remamos en el mismo barco y, sobre todo, no caen en el error de pelearnos entre nosotros mientras los problemas siguen ahí. No demos el gusto de distraer la atención de lo verdaderamente importante

3 comentarios en “Qué molesta…(II) Fiscalía y judicatura

  1. Pues a mí, me molesta enormemente tener que buscarme la vida con mi hijo para llegar a tiempo a un señalamiento de las 9.00, pidiendo favores para que alguien me lo lleve al cole, o incluso contratando y pagando dinero de mi bolsillo para estar a tiempo (incluso en temas del turno por los que voy a cobrar menos) y que en el juzgado SuSe, LAJ y demás lleguen a partir de 9.30 porque llevan a sus hijos al colegio.
    Y yo haciendo piruetas, y esperando.. y demás partes, claro. Y encima de llegar tarde, ni un saludo ni una disculpa.

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  2. A los letrados nos molesta que parezca que somos irrelevantes en el proceso, y que, en principio, todo lo que digamos está de más. Buena prueba de ello es que en la confección de la importante reforma procesal penal que se acaba de aprobar, en la comisión de codificación, podemos observar que estaba formada por miembros de la judicatura, la fiscal ia y el mundo académico. Pero ni un solo abogado, o que hubiera ejercido dicha profesión en algún momento de su trayectoria como jurista.

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