Denuncias: planteamiento


erase una vez

                Como nos enseñaban en el colegio, toda trama tiene tres partes: planteamiento, nudo y desenlace. Y, desde luego, todo buen guión debe tenerlo. Y si falla cualquiera de las tres partes, la función se nos viene abajo.

                Y, como siempre, en nuestro teatro no puede ser de otra manera. Nuestros guiones se dividen en tres partes muy diferenciadas, más, si cabe, que en las tablas del escenario al uso. Y así, empezamos con la denuncia, querella, demanda o similares, marcamos el nudo en las calificaciones de las partes, y acabamos con un desenlace como toca, la sentencia. Y de nosotros depende mantener el ritmo para que ninguna de las partes haga fracasar el espectáculo.

                La denuncia, la querella, o la demanda en su caso marcan el principio de la historia. Son el “Erase una vez..” de los cuentos, el “En un lugar de la Mancha..” del libro o, si se prefiere, el “Anoche soñé que volvía a Manderley..” de la película. Determinan el género de la obra, la duración de la misma, y hasta las posibilidades de triunfo o no. Porque, como sabemos, los cajones de los productores están llenos de guiones que no llegaron a ningún sitio, al igual que nuestros atiborrados archivos están llenos de asuntos a los que hubo que darle carpetazo.

                Lo que no podemos perder de vista es que la denuncia no es más que eso, el principio. No supone la imputación, ni la detención, ni la estigmatización de nadie. Ni siquiera esa pena de telediario que parece haberse puesto repentinamente de moda hasta el punto de requerir su abolición instantánea. Solo consiste en poner en conocimiento de aquel que tiene facultades para recibirla determinados hechos que le parecen reprobables a quien denuncia. Porque no hay que olvidar que quien denuncia no califica jurídicamente unos hechos, ni propone una pena. Para eso están otros. Y a veces se olvida, y la gente se llena la boca diciendo que ha denunciado a Fulanito o a Sotanita por esto o por aquello como si tuviera el poder en sus manos.

                Denunciar, lo que se dice denunciar, se puede denunciar todo, desde una abducción extraterrestre hasta la red de mafia internacional más espeluznante. Pasando por todo un abanico de opciones que harían las delicias del mejor guionista de Hollywood, de cualquier género imaginable, desde la comedia más hilarante hasta el drama más sangriento, pasando por el thriller psicológico, la peor de las tragedias, la comedia costumbrista y hasta el musical, si me apuran. Y por supuesto, la novela negra y las series de vecinos, un clásico en los ya casi extintos juicios de faltas.

                Y a lo largo de mi vida profesional, he visto, desde lo alto de mis tacones, y con toga o sin ella, denuncias de todo pelaje. Vecinos que constantemente se denunciaban entre sí por haber puesto un toldo de distinto color al estipulado, o que se dejaban el grifo abierto, o que tendían a deshoras –algunos, con chorro de lejía incluido destinado a estropear la ropa del rival- Y también supuestos paranormales que para sí quisiera Iker Jiménez, como un pobre hombre que venía todas las semanas al juzgado a contarnos que le visitaban los marcianos y le hacían toda clase de perrerías, incluida la violación por una oreja o la introducción de un chip en el ombligo. Y una atribulada esposa llegó a denunciar ante mí que su marido le era infiel con una mujer que necesitaba que la cargaran por las noches como si de un teléfono móvil se tratara, y nos pedía que se lo incautáramos. También me han solicitado órdenes de alejamiento de políticos y mandamases varios y mil cosas más. En esto casos, es evidente que el guión muere no más empezó, porque no hay manera de seguir rodando. O, como mucho, da para un entremés corto.

                Pero como no todo el monte es orégano, hay otras muchas denuncias que entrañan un verdadero drama humano,  un terrible asesinato, o una peligrosa trama de corrupción, o una red de trata de personas o tráfico de drogas. Y ahí tenemos que andar con cuidado para que no se nos vaya de las manos y poder hacer una gran función, como el público espera de nosotros.

                Y están, además, todas esas denuncias que son la mayoría, hechos pequeños o grandes que quizás no cambien el curso de la historia, pero sí de la vida personal del afectado. Robos, hurtos, estafas, lesiones, daños. Y también aquí hay que esforzarse. Porque hay muchas buenas películas que merecen ser vistas aunque nunca aspirarán a un Goya ni un Oscar.

                Otro tanto cabe decir de esos otros procedimientos que no son penales. Los que se inician por demanda u otro tipo de reclamación, se trate de la disolución de la mayor de las multinacionales o de la reclamación de la factura que le deben al churrero de la esquina. Todas merecen un espectáculo digno, y a nosotros corresponde conseguir que así sea. O hacer todo lo posible para ello, que no siempre nos lo penen fácil.

                Así que ahí estamos. Como escritores que con nuestra pluma hacemos que la historia pueda desarrollarse y tener un final feliz. Por eso, hagamos un pequeño aplauso de recibimiento, pero esperemos al final. Ojala se convierta en ovación.

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2 pensamientos en “Denuncias: planteamiento

  1. Pingback: Calificaciones: el nudo de la trama | Con mi toga y mis tacones

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