JEFES, PRESIDENTES: LOS QUE MANDAN


JEFES 1

                Hemos asistido a muchas representaciones en nuestro escenario. Hemos conocido a actores, tramoyistas, público, guionistas y hasta al director. Pero todavía queda hablar de unos personajes que, desde la sombra a veces, y desde primerísimo plano otras, gravitan sobre cualquiera de nuestras funciones. Los que mandan.

                Hablo de los Fiscales Jefes y Superiores de cada Fiscalía, de los Presidentes de Tribunales Superiores y de Audiencias, de los Secretarios Coordinadores y hasta de los Decanos de Abogados o Procuradores. Hablo también de los Decanos -y conste que no digo Jueces Decanos intencionadamente, porque a pesar de que mucha gente no lo sepa, también hay Fiscales Decanos- aunque éstos quizás en menor medida porque combinan mando en plaza con puesto en las trincheras, en la mayoría de casos.

                Como he hecho en alguna otra entrada de este escenográfico blog, advertiré a priori que no pretendo tratar de personas concretas. Que, como dicen en las tantas películas “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia” por más que el guión esté inspirado en hechos reales. Porque, si lo hiciera, habría de decir lo afortunada que soy con la jefa que me ha caído en suerte –o algo más que suerte- y sería tildada de “pelota” sin remedio. Así que no lo hago, y me asigno el rol de narradora omnisciente, que para algo el blog es mío y tengo esa potestad.

                Todo el mundo parece tener muy claro que los Fiscales nos regimos por el principio de jerarquía. No podía ser de otro modo. La Constitución así lo dice. Pero lo que muchas veces no se sabe, o no se quiere saber, es que eso no implica obediencia ciega ni fidelidad perruna. Que la jerarquía no es otra cosa que un modo de organización y a ello responden las órdenes que podamos recibir, así como las instrucciones con criterios meramente jurídicos. Jurídicos, repito. No políticos. Por las susceptibilidades.

                Por su parte, los jueces enarbolan la bandera de la independencia. Tampoco podría ser de otro modo. También lo dice la Constitución. Pero ello no significa que cada uno viva en la república independiente de su casa sin criterio ni coordinación alguna. Por supuesto que no. Sus sistemas de reparto, sus vacaciones y sus cuestiones organizativas son sometidas a la Sala de Gobierno correspondiente, formada por algunos de ellos elegidos entre los compañeros. Sus criterios jurídicos vienen fijados por los que el superior fije en cada caso en vía de recurso. Porque ya se sabe, los jueces hablan a través de las sentencias.

                Estos Jefes, o Presidentes, o Coordinadores o Decanos lo tienen muy difícil en ocasiones. Están permanentemente situados en el punto de mira, como esas estrellas que quieren un momento de anonimato y se encuentran con una nube de flashes y cazadores de autógrafos en sus puertas. Sus actos, sus decisiones y todo lo que firman está siempre sometido a la interpretación de propios y ajenos, especialmente de esos avezados críticos a los que me refería en otra entrada. Y quiéranlo o no, les va a en el cargo. Una estrella siempre será una estrella.

                Pero lo que un buen Jefe o Presidente nunca debe olvidar es de dónde procede. Y adónde puede que haya de volver, finalizado su cargo que ya hace tiempo que es, por fortuna, temporal. Quien se sienta en su despacho a diseñar la estrategia mientras permanece ajeno a la batalla que se libra en las trincheras probablemente perderá la guerra. Aunque gane alguna batalla. Y eso es algo que siempre deben tener presente. Como deben tener presente que hay que mantenerse cercanos, convivir, compartir y preguntar a los trincheristas. Ellos les pueden hacer ver cosas que ignorarían si no salieran a mojarse las rodillas de cuando en cuando.

                Tener mando tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Y hay algo que no soy capaz de clasificar en una u otra categoría: los actos oficiales. Esos donde los vemos tan empingorotados luciendo, como dice la ley, además de toga, “placa y medalla de acuerdo con su rango”. Esos actos donde a veces uno se quiere escaquear pero ellos no pueden. Pero donde también se lucen como nunca.

                Pero ahí están. Observando a los actores desde la sombra, y apareciendo sólo cuándo algo no va bien. Si alguno enferma, o el telón se rompe, o la función se retrasa… o cualquier otra incidencia. De cómo actúen en esos casos dependerá en gran parte la crítica que reciban.

                Por eso, como voz en off en la que me he erigido, no daré hoy mi aplauso. Lo dejaré en manos de cada uno de los espectadores, y en la de cada uno de los protagonistas. Piensen un momento en aquél que les afecte y, si lo merecen, batan palmas. Ojalá desde mi atalaya de narradora pueda oir ovaciones desde todos los escenarios de nuestra justicia.

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4 pensamientos en “JEFES, PRESIDENTES: LOS QUE MANDAN

  1. No estoy de acuerdo con que los criterios jurídicos de los jueces “vienen fijados por los que el superior fije en cada caso en vía de recurso”. Un juez no está sometido a más jurisprudencia que la del Tribunal Supremo y la del Constitucional. E incluso, si lo argumenta, puede disentir y desviarse de la doctrina de estos tribunales. Otra cosa muy distinta es que haya jueces que prefieran dictar autos y sentencias en la línea que marca la instancia superior respectiva para así no ver cómo la Audiencia o el TSJ tiran para atrás su argumentación (esto lo he vivido en propias carnes, así que que no me digan que esta situación no se da), pero eso es otro tema.

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  2. Tienes razon Cristina. Al intentar explicarlo de un modo accesible para todos, legos y juristas, he simplificado demasiado las cosas. Tecnicamente, es tal como tu dices. Pero cuando pretendes llegar a todos, se pierde exquisitez tecnica. Un abrazo

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    • Me alegra que hagas la aclaración, porque bastante poco sabe la gente de cómo funciona el sistema judicial español (todo el mundo tan acostumbrado a las películas estadounidenses) como para no explicar las cosas bien y, además, acabar diciendo lo contrario de lo que es. Un saludo

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