OFICINAS DE ASISTENCIA A VICTIMAS: EN LA TRASTIENDA


biombo

                En nuestro gran teatro de la Justicia, como en cualquier otro, hay personajes que centran la atención y otros que permanecen casi en el anonimato, eclipsados por el brillo de los protagonistas. Pero ningún espectáculo funciona sin que todo su engranaje marche, y el momento en que los artistas hacen su aparición en el escenario es el resultado de mucho trabajo anterior, en gran parte invisible. Y algo así es lo que sucede con nuestro personaje de hoy.

                Las OAVD (Oficinas de asistencia a Víctimas del delito) nacieron con el propósito de auxiliar, asesorar y apoyar a las víctimas de cualquier delito, más allá de la labor de jueces, fiscales, secretarios judiciales y el resto de personal de los juzgados. Les proporcionan la información y el apoyo que nosotros no podemos ni somos capaces de darles. Pero sin su intervención, antes, durante y después de la puesta en escena de nuestra función, ésta no tendría lugar o no tendría el éxito esperado. Una labor que hay reconocer.

                El personal de estas oficinas, de carácter multidisciplinar, es muchas veces el primero que tiene contacto con la víctima que acude a denunciar un delito. Su asistencia y el modo de trabajar con ellas, sobre todo en delitos especialmente delicados, como los de violencia de género y doméstica o los delitos sexuales, determinará el modo en que se desarrolle la función, y hasta el argumento o el final de la misma. Quizás por esa razón veamos a sus miembros correr de una a otra punta de los edificios judiciales como pollo sin cabeza con tal de atenderles más allá de las cuatro paredes de sus oficinas. Como decía, antes, durante o después.

                Antes de que dé comienzo el espectáculo, nuestro personaje ya está ahí, preparando a los actores para que templen sus nervios, puliendo los guiones y buscando un final feliz. Por eso, antes incluso de que se presente una denuncia, las víctimas son informadas, en total confidencialidad, de cuáles son sus posibilidades, de qué recursos tienen a su alcance, de dónde pueden acudir si necesitan cosas como una casa de acogida o asistencia psicológica. Y, con todos esos datos, pueden decidir si denuncian, y se convierten en parte de nuestra función, o no lo hacen. Les aconsejan, pero no las obligan, porque ésa no es su labor.

                Durante el curso del proceso, antes de que el telón se alce y empiece la representación, el personal de las oficinas hace el seguimiento de las víctimas, busca los recursos que les corresponden, las ayudas que tengan a su alcance y la asistencia que requieran. En la medida de sus posibilidades, por supuesto, que sus medios no son precisamente como para echar cohetes.

                Más visible a esos efectos es la labor de acompañamiento de las víctimas a las declaraciones y al propio juicio. Como si de la madre de la folklórica se tratara, van con ellas a sol y a sombra, llevándoles a todas las dependencias judiciales que sea preciso y encargándose, si procede, de citarlas y conducirlas. Les tranquilizan, y se ocupan de cosas tan aparentemente nimias pero tan importantes como que no coincidan en los pasillos con su agresor o sus familiares, que declaren de modo que no sean vistas por quien las vejó, y que no se encuentren desamparadas. Se aseguran de que esté preparado el famoso parabán para declarar, aunque a veces no consista más que en un biombo de mimbre de dudosa procedencia, una pila de muebles estratégicamente colocada o una puerta lateral semiabierta. Cualquier cosa con tal de que cumpla su fin de asegurar la paz de la víctima y evitarle un plus de sufrimiento.

                Después, una vez el telón ya ha caído, la asistencia continúa, en la fase de ejecución de la sentencia y aún después, en esos momentos duros en que el agresor condenado ya ha cumplido su condena y el pánico puede comenzar de nuevo.

                Pero no se lo ponen fácil. Aunque debieran existir en cada uno de los lugares donde hubiera un juzgado, los recortes, cual mago malhumorado, las han hecho desparecer de muchos lugares. Y también han desaparecido, por arte de birlibirloque, gran parte de su personal y una ingente porción de su horario. Como resultado, si alguien tiene la mala suerte de ser agredido en domingo o necesitar asistencia por la tarde, pues deberá esperar al lunes siguiente. Ya lo conté en otra ocasión (http://nosinmitoga.com/2014/07/13/no-denuncies-en-domingo/). Aquel famoso “vuelva usted mañana” que regresa a nuestras pantallas con más fuerza que nunca. Y es una pena, y mucho más que eso. Porque las muchas veces indecisas víctimas de violencia de género no suelen volver. O, lo que es peor, cuando vuelven, es por razones más graves y no siempre por su propio pie. Y eso es algo sobre lo que no se hace la suficiente incidencia.

                Por todo esto y por mucho más, como dice la canción, aplaudamos bien fuerte a estos personajes que suelen permanecer en el anonimato. Y que, al menos por una vez, los focos se centren en ellos, que bien lo merecen.

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7 pensamientos en “OFICINAS DE ASISTENCIA A VICTIMAS: EN LA TRASTIENDA

  1. A ver si este artículo llega a alguien de la Conselleria de Justicia y tienen algo de conciencia y dotan a estas oficinas de medios suficientes para continuar su trabajo . Como siempre , querida compi, EXCELENTE con mayúsculas

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