CIUDADANOS: ¿PROTAGONISTAS O FIGURANTES?


foto ciudadanos

                Ya hemos conocido a gran parte de los que intervienen en nuestro teatro. Incluido un director tan invisible que, casi simultáneamente a su debut aquí, hacía mutis por el foro. Pero, claro está, nos faltaba algo fundamental: los espectadores. Porque sin ellos, ningún espectáculo tiene sentido. Y el nuestro menos que ninguno.

                En nuestra función, especial como pocas, el público tiene algo diferente. Porque en cualquier espectáculo el público es el destinatario final de la función, y ambos conceptos son sinónimos. Aquí tenemos público en la sala, y también tenemos un destinatario final, el ciudadano. Al primero le dedicaremos su propia entrada cuando le llegue el turno. Y hoy nos centraremos en el otro, el ciudadano. Aquél que debe motivar que el engranaje se ponga en marcha, el motor de nuestra función y el que le da sentido a la misma. Porque sin espectadores no hay obra que se sostenga, por bueno que sea el guión, talentosos los actores y maravillosa la puesta en escena.

                Somos un servicio público. Eso es precisamente lo que hace tan sui generis nuestro particular espectáculo. El argumento, la interpretación, los decorados, la iluminación y todo lo que nos atañe no está destinado a nuestro lucimiento personal. Está concebido, pensado y realizado para ese destinatario final que, desde sus casas, juzgará nuestro trabajo, invirtiendo los papeles por una vez. Un destinatario que percibirá si somos lentos o rápidos, eficaces o inútiles. Un destinatario ávido de otorgarnos su confianza, pero a su vez atento a cualquier dislate que cometamos. Porque sabe que él ha contribuido en la producción de la obra, y que es su dinero el que se está gastando. Y con las cosas de comer no se juega.

                ¿Y cómo nos ven ellos? ¿Como una rancia película de época, desgastada a base de miles de reproducciones? ¿Como una hilarante comedia? ¿Cómo un thriller de incierto final? ¿Cómo una espantosa tragedia? ¿Cómo un melodrama? ¿Cómo una película de catástrofes? ¿Cómo una película de miedo, que les clava en su butaca pero les deja con una sensación de pánico? ¿Cómo un filme de intriga, cuyos personajes andan conspirando unos a espaldas de otros? ¿Cómo un remake de un conocido argumento, que repite lo de sobra conocido? ¿Cómo un filme algo gore? ¿O como un telefilme de serie B, de esos que sólo dan ganas de echarse una siesta? Pues de todo un poco. De nosotros depende, aunque también dependa de otras muchas cosas que no están en nuestra mano.

                Lo que no podemos obviar es que nuestra función, como esas películas que ponen en televisión después de comer, está basada en hechos reales. Aunque esté en nuestra mano cambiar el final.

                En cualquier caso tendremos que poner todo nuestro empeño en hacer una obra maestra, de ésas que nadie olvida y que ganan varios Oscar, Goyas, Palmas de Oro, Conchas de Plata o lo que se presente. La mejor de su género, sea comedia, tragedia, melodrama o thriller. Desde el muchas veces amable juicio de faltas, hasta el dramático jurado por asesinato, desde el satisfactorio divorcio de mutuo acuerdo hasta la más agria liquidación de bienes, desde el doloroso despido hasta la gozosa obtención de una indemnización a cargo del Estado… Y tantos y tantos ejemplos. Porque en nuestra función, cualquier argumento cabe.

                Así que, pongámonos las pilas. Que es a nuestro personaje de hoy a quien corresponderá decidir si el espectáculo es digno del mejor de los teatros, o se queda en un mero vídeo de youtube sin apenas visitas. Así de importante es, y así debe sentirse. Como protagonista y no como un mero figurante.

                Mientras tanto, adelantemos nuestro respeto y, por supuesto, nuestro aplauso. Y quedemos a la espera del suyo.

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2 pensamientos en “CIUDADANOS: ¿PROTAGONISTAS O FIGURANTES?

  1. El público no entiende la Justicia, la que los Tribunales imparten. Saltando los casos en que un interés personal le mueve, como parte del proceso, el publico en general no conoce ni entiende la justicia. Prueba de ello los comentarios que se hacen en la televisión, las redes sociales. etc.

    Pero en lugar deconsiderarlos ignorantes, sin autoridad suficiente para criticarla, hemos de reconocer que ninguno de los togados nacimos sabidos, y que la responsabilidad de la ignorancia de los demás, tiene causa en quienes no invertimos lo bastante en ilustrar las opiniones que adolecen de la más mínima noción juridica. Como bien señalaba Platón el sabio debía volver a la caverna para iluminar a quienes no conocían la verdad.

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  2. Pingback: Cumpleaños: una año de toga y tacones | Con mi toga y mis tacones

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