Paz: que dure mucho


              Para las generaciones actuales, lo normal es vivir tiempos de paz. La guerra es algo que queda muy lejos, y solo vemos en películas que tienen títulos como Guerra y paz, Vientos de guerra, Mientras dura la guerra, o, si de paz se trata, Noche de paz o La paz empieza nunca. Son muchos más los ´títulos de cine bélico, pero solo con citarlos no podría hablar de otra cosa. Y hay mucha tela que cortar.

              En nuestro teatro pensamos poco en las guerras, salvo lo que supone el batallar nuestro de cada día. Pero, aunque no nos demos cuenta, la guerra y la paz también son cuestión de Derecho. Y la realidad actual nos lo recuerda cada día.

              Pocas referencias jurídicas recuerdo, más allá del Derecho Internacional, en que se hable de guerra, pero algunas hay, aunque no siempre seamos conscientes de ello. Sin ir más lejos, nuestra Constitución, cuando abole la pena de muerte, no lo hace incondicionalmente, sino que exceptúa lo que establezca la legislación militar para tiempo de guerra.

              Por su parte, el Código Penal anterior, en aquellos capítulos casi imposibles de aprender que se referían a la seguridad interior y exterior del Estado, hacía referencia a delitos como aquel que cometía el español que sedujere tropa para que pasare a formar parte de las tropas extranjeras, sediciosas o separatistas -juro que aun recuerdo aquellos artículos-. Y había delitos como el de derrotismo, referente a la transmisión de noticias falsas -si, las fake news de entonces- par acabar con la moral de los combatientes Y diferenciaba según las víctimas de determinado delitos fueran o no de estados beligerantes.

              Nuestro Código actual no tiene un carácter tan belicista, aunque sí es cierto que recoge los principios esenciales del Derecho internacional en cuanto al derecho de gentes y los derechos humanos. Como no podía ser de otra manera.

              No obstante, reconozco que tanto entonces como ahora aquellos precepetos me resultaban tan lejanos como si se refirieran a épocas remotísimas o a hechos que suceden a años luz de mi zona de confort. Y, como decía mi madre, a grandes distancias, grndes mentiras. O no.

              Porque, de repente -o no tanto-la actualidad nos da una bofetada en plena cara y nos recuerda que la paz es algo mucho más frágil de lo que creíamos. Y, aunque nos constara que hay más de cncuenta conflictos bélicos vivos en nuestro planeta, ahora están mucho más cerca en el tiempo y en el espacio. La cosa empezaba con la invasión rusa en Ucrania, que ya dura más de cuatro años a pesar de que se decía que sería cuestión de pocos días. Después fue el genocidio de Gaza, que empezó en octubre de 2023 y tampoco tiene visos de un final próximo, y respecto del cual hay que insistir en la importancia de llamar a las cosas por su nombre, especialmente si de Derecho se trata, y no cabe duda de la categoría de genocidio, delito que sí contempla nuestro Código Penal expresamente.

              Ahora, por si no fuera suficiente, la guerra sigue rodeándonos, y ha convertido Oriente medio en un polvorín. Irán, Líbano, y varios terriotiros más e ven implicados en una contienda que no queríamos ni esperábamos desde la placidez de nuestros sofás.

              Y no solo eso. En los últimos tiempos se han extendido por el mundo en general y por nuestra otrora civilizada Europa en particular, movimientos políticos que propugnan ideas que recuerdan mucho a las que desdencaderanaron el peor de los genocidios conocido hasta ahora, el Holocausto nazi. Hay, incluso, quienes frivolizan con él, le restan importancia e incluso lo niegan directamente. Por no hablar de quienes dicen desear la vuelta a aquellos tiempos que nunca vivieron.

              Ya hablamos de todo esto cuando dedicamos un estreno al Derecho Internacional, pero creía necesario incidir sobre ello. No podemos cerrar los ojos a una realidad que se nos cae encima. Y no quedarme, como parecen hacer algunos, en la repercusión económica. Todos estos acontecimientos pueden afectar gravemente a nuestra regulación internacional y al catálogo de Derechos Humanos que dábamos por asumido. Así que permanezcamos alerta.

              Pero no quiero ser más ceniza, que siempre he sido una persona optimista. Por eso me guardo el aplauso para quienes sepan de verdad luchar por la paz. En el sentido jurídico y en toos los demás. Espero que no se qude suspendido para siempre.

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