Femivolencias: por ser mujeres


              Hay quien se empeña en distinguir películas, literatura u obras de arte de hombres y de mujeres. Es más, hay quien entiende que hay obras de arte en general, y obras de arte femeninas, como si las féminas fuéramos sujetos de segunda división. Sin embargo, el arte es arte, por más que existan teas que afectan a mujeres, porque son cosas que nos pasan a las mujeres precisamente por serlo. Películas como Acusados Te doy mis ojos o Yo soy Nevenka, o series como Creedme o Querer son unos pocos ejemplos de los muchos que encontramos en la pequeña y gran pantalla.

              En nuestro teatro también conocemos con frecuencia de los delitos cometidos contra mujeres por el hecho de ser mujeres. Por desgracia, porque ya me gustaría que no fueran algo sistémico y pudieran englobarse en cualquier categoría de delitos generales y no necesitar tratamiento específico. Pero no podemos negar la evidencia. Y la evidencia son las mujeres asesinadas cada año por violencia de género, o los cientos de enuncias por delitos sexuales que vemos. Y, lo que es casi peor, las que no vemos porque no se denuncian.

              Ya hemos dedicado muchos estrenos a diferentes tipos de violencia de género y también a las agresiones sexuales, pero, en el momento tan dramático en el que nos hallamos, y próximo el 8 M estaría bien dar un pequeño repaso a lo que se dijo y descubrir algunas que no se dijeron, o que han cambiado.

              Empezaremos por el feminicidio -o femicidio-. Según su acepción gramatical, sería matar a una mujer. En otras legislaciones se considera un delito específico el asesinato de una mujer por el hecho de serlo, y es parte de la violencia de género. En nuestro país, aunque también es parte de la violencia de género, no recibe este nombre específico, sino que se trata de un asesinato agravado por el parentesco, el género o ambos.

              En cuanto a la violencia sexual, es lo que se engloba en nuestra legislación como delitos contra la libertad sexual y, hasta el año 2025 no entraban en la competencia de los juzgados de violencia de género ni se consideraban violencia de género, aunque sí fueran ontológicamente viol3encia machista. Esto se cambió teóricamente con la ley del solo sí es sí y en la práctica con la ley de eficiencia y hoy se ve en los juzgados especializados. Faltará ver si hay medios suficientes para asumir con éxito este incremento.

              Otro tipo lamentablemente en alza es la violencia vicaria, que consiste en dañar a los hijos de la pareja o expareja -sean o no propios- con forma de dañarla a ella, Y es, efectivamente, la forma más cruel de ejercer violencia de género. Aunque en principio no se incluía específicamente en la violencia de género como no fuer acompañado de un acto contra la mujer, ya hace tiempo que la ley lo incluyó en su ámbito y es competencia de los juzgados de violencia sobre la mujer.

              Hay clases específicas de violencia de género que no vienen reconocidas por la ley expresamente, aunque sí se vea alguna forma. Se trataría de la violencia económica, que también tuvo su estreno, de la que, hasta hoy, solo es expresamente punible el impago de pensiones. El resto solo podrían tener su encaje en otros tipos delictivos como coacciones o violencia psíquica, aunque son muy difíciles de identificar.

              También se habla de la violencia institucional, para hacer referencia al trato dado a las mujeres por instituciones públicas prescindiendo de toda perspectiva de género, o la violencia obstétrica, referida al tratamiento que se recibe en algunas ocasiones en el ámbito sanitario, también carente de las necesarias gafas violetas. Aún queda mucho camino para que se reconozcan de algún modo este tipo de violencias.

              Para acabar, hay que citar desigualdades que no implican violencia en sentido estricto, pero afectan directamente a la igualdad, como es el caso de la brecha salarial, el techo de cristal o el llamado suelo pegajoso. Aunque la madre del cordero acaba estando siempre en la necesidad de conciliación o, mejor dicho, de corresponsabilidad.

              Lo que me gustaría en realidad es no tener que hablar de estas cosas, pero no me queda otra. Como no me queda otra que dar mi aplauso a todas las personas que siguen luchando a diario para que hombres y mujeres seamos iguales. No podemos bajar la guardia

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