Visto: ¿algo a extinguir?


                Hay cosas que son eternas. O lo parecen, al menos. Todo el mundo ha oído ese estribillo de “un diamante es para siempre” o, por supuesto, la versión de Marilyn cando cantaba que los diamantes son los mejores amigos de las chicas en Los caballeros las prefieren rubias. Pero mira por donde ni eso estaba claro porque la película tenía una secuela llamada Pero se casan con las morenas. Así que, al final, todo es relativo, y nada es ara siempre.

                En nuestro teatro, poco o nada tenemos que ver con diamantes, como no sea para perseguir robos de joyas. No tenemos más que recordar el macarrónico episodio ocurrido hace poco en el Louvre, en cuyo juicio, si alguna vez se celebra, no me importaría nada estar.

                Pero hoy no iba a hablar de robos ni diamantes, sino de durabilidad y cosas que son eternas. Y pocas cosas más eternas en Toguilandia, especialmente en la zona donde yo me muevo, que el “Visto” del Fiscal . Supongo que en un principio se referiría al “Visto bueno”, una especie de confirmación de que se está de acuerdo con la resolución de la, que nos dan traslado, pero se quedó en solo “Visto” y así consta expresamente en los textos procesales.

                Mi primera intervención en Toguilanda consistió, cómo no, en poner un visto, en mi caso a un sobreseimiento por autor desconocido. Vamos, de primero de fiscal, no obstante, lo cual me costó cerca de te cuartos de hora estampar mi firma, después de que mi compañera, tan bisoña como yo, lo hubiera mirado también, igual que hice yo con el suyo. N que decir tiene que entonces lo hacíamos a mano, con nuestro boli bic, aunque no tardamos en tener un cuño para estampar el visto, el no va más en la tecnología en ese momento. Eso sí, lo pagué de mi bolsillo, faltaría más, al igual que la toga que, aunque sea obligatoria, nos costeamos en cuanto aprobamos si alguna tía, abuela o madrina rumbosa no nos la regala.

                Con el tiempo, pasados algunos años, conseguimos que el Ministerio nos pagara los cuños, que no las togas. Y pasamos de uno que decía “fecha ut supra”, y así valía fuera el día que fuera, a otros que tenía -y tiene- su fechador. Eso si que es el no va más. ¿Verdad?

                Aparte de la vertiente formal, el “visto” es la herramienta imprescindible de la fiscalía. El visto se ponía al dorso de una resolución judicial para ratificar que el Ministerio Público está conforme con la resolución. La otra opción es el recurso, claro está. Lo que ha ocurrido es que se ha generalizado y nos lo piden para cosas que no se necesitan, como ocurre en las remisiones -que no inhibiciones- de un juzgado a otro del mismo partido por normas de reparto, aunque ahora tampoco será así una vez tengamos secciones y plazas en vez de partidos judiciales y judiciales.

                Confieso que he llegado a temer que la digitalización acabara con nuestro tradicional “visto”, pero desde que nuestro implacable Just@ (nuestro nuevo sistema informático) irrumpió en Toguilandia, me percaté que ha pasado exactamente lo contrario. Nos exigen “vistos” incluso en resoluciones que no lo necesitan. Y digo que se nos exige porque si no lo damos, aunque en realidad se trate de una simple notificación, el procedimiento se queda bloqueado y no puede seguir adelante. Maravillas de la técnica.

                Lo que sí ocurre es que ese sencillo “visto” que antes nos costaba poco tiempo, ahora ha duplicado su duración, y no por el contenido jurídico sino por sus triquiñuelas tecnológicas. Esperemos que esto cambie en algún momento.

                En cualquier caso, no menospreciemos estas resoluciones aparentemente sencillas. Porque, como dijo una vez una juez defendiéndonos ante sus compañeros, si el Fiscal pone “visto” es porque ha visto el procedimiento. Perogrullada, pero rigurosamente cierto. Aunque haya quien se empeñe en creer lo contrario.

Y tampoco lo confundamos con el «visto para sentencia», que pertenece a Sus Señorías, al que ya dedicaremos su estreno correspondiente

                Y hasta aquí, este pequeño homenaje a nuestra historia fiscal. Por eso, el aplauso se lo daré hoy a todas mis compañeras y compañeros. Por los miles de “vistos” que hemos puesto en nuestra vida.

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