
La vida tiene varias fases y, aunque el mundo del cine parece fijarse más en la juventud que en la senectud, tampoco son pocas las películas que tienen protagonistas de edad considerable, pero tan interesantes o más. En el estanque dorado, Los puentes de Madison, Cocoon, Paseando a Miss Daisy o la encantadora y avispada Miss Marple de las obras de Agatha Christie. Y es que cumplir años es algo digno de celebración.
En nuestro teatro la edad tiene su relevancia, como ya vimos en otros estrenos. Tanto por exceso como por defecto, sus consecuencias jurídicas son claras, al igual que lo son las que produce la discriminación por edad.
Pero en esta ocasión no vamos a tratar la edad en general, sino la consecuencia ineludible en el ámbito laboral de cumplir años: la jubilación. La verdad es que hasta hace poco no pensaba mucho en ello, porque eran cosas que atañían a generaciones anteriores a la mía, pero conforme pasa el tiempo empiezo a ver las orejas al lobo. O, dicho de oro modo, empiezo a vivir jubilaciones de personas próximas, aunque a mí me queden unos cuantos años por delante. Por suerte, al menos de momento, que igual cambio de opinión.
Etimológicamente, jubilación viene de “júbilo”, esto es, alegría. Eso es algo que he oído en varios discursos de despedida y homenaje, no sé exactamente si para animar a quine se jubilaba o a quienes no lo hacían. Pero depende de caso.
Es evidente que ni la edad ni las circunstancias de la jubilación se pueden generalizar. No es lo mismo trabajar en una mina que en una oficina, no se pude comparar el trabajo físico con el trabajo intelectual, aunque ambos sean dignos de valor. Pero nuestro cuerpo empieza a dar aviso mucho antes que nuestras mentes y, si no, que se lo diga a los deportistas de élite, aunque hablen de “retirada” y no de “jubilación”, porque siempre pueden reinventarse.
En Toguilandia podemos ver la jubilación desde uno u otro lado, porque es, por un lado, objeto de pleitos en la jurisdicción social y, por otro, un derecho de todas las personas que trabajamos allí.
Como objeto de nuestro trabajo, son muchas las cuestiones que pueden verse en un juicio, pero sobre todo las económicas, que poderoso caballero en Don Dinero. Cuántos años son necesarios para cobrar una pensión, el importe de esta o el propio derecho a percibirla son algunas de estas cuestiones. Y es que, como digo muchas veces, no solo de Derecho Penal vive el jurista.
No obstante, conforme pasan los años, una va viendo más cerca la jubilación y lo que ello supone. No sé como estaré en ese momento, pero siempre he pensado que aprovecharé para hacer todas esas cosas para las que no hay tiempo mientras se trabaja, sea coser, cantar, nadar, bailar, viajar, hacer corte y confección, o porcelana rusa. Aunque hay quien lo que sueña es retirarse al campo a cuidar una huerta, que todo vale: lo importante es mantenerse activa y jubilarse del trabajo, no de la vida.
No me puedo olvidar de quienes, por pasión, por devoción o por obligación, han de dejar sus días de jubilado o jubilada a ejercer de abuelos canguro, que la crianza nunca se acaba. Aunque no hay que pasarse, que todo el mundo tiene derecho descansar.
En definitiva, que llegue la jubilación cuando llegue, pero que llegue bien. Que nos pille con el cuerpo y la mente en condiciones y el espíritu preparado. Y con unos ingresos dignos. Si es así, la recibiremos con un aplauso. Es lo que hay