
Los escándalos sobre personas famosas juzgados en los tribunales son un gran tema para los escenarios y las pantallas, grandes o pequeñas. Películas o documentales se hacen eco de los juicios a personajes como OJ Simpson o a otros más cercanos en el espacio como Dani Alves o la mismísima Lola Flores. Y la lista podría ser muy larga.
En nuestro teatro cada día estamos más acostumbrados a ver a personajes conocidos de todos los ámbitos sentados en el banquillo o a punto de hacerlo. Cosas que pensábamos que nunca pasarían, pasan, dejándonos con la boca abierta y una sensación indescriptible. Pero la democracia es lo que tiene. Todas las personas somos iguales ante la ley. Para lo bueno y para lo malo.
Hubo un tiempo en que en la prensa se distinguían perfectamente las páginas de tribunales -o, en su caso, de sucesos- de las de otras secciones como política o sociedad, pero hoy en día todas ellas se van mezclando hasta el punto de no poder distinguirlas. Por desgracia, en la mayoría de los casos.
Primero fue la corrupción, que empezó arrastrando a políticos de todos los colores. Si hace un tiempo había sido impensable que una persona con un grado importante de poder pudiera llegar a ser siquiera investigada en un juzgado, poco a poco nos fuimos acostumbrando a estas escenas, que llegaron a su punto culminante cuando fueron protagonizadas por la institución que hasta el momento se había considerado más sacrosanta: la corona. El día en que una infanta de España se sentó en el banquillo, aunque luego fuera absuelta, y su marido no solo fue condenado, sino que ingresó en prisión, cambió nuestro mundo. Ya nada era intocable. Y seguimos comprobándolo en la más candente actualidad, donde hemos sabido del presunto chantaje que una vedette hacía nada menos que al rey de España para que no se conocieran, entre otras muchas cosas, sus secretos de alcoba.
Y es que poderoso caballero en Don Dinero . Su canto de sirena ha acaba arrastrando hasta los infiernos de prisión y condenas a quienes en su día fueron banqueros famosos, personajes de la jet set, ministros o presidentes de comunidades autónomas. El último de ellos hace nada. Y lo que te rondaré, morena, me temo mucho.
Pero no solo la clase política se veía en semejantes tragos. Las deudas con hacienda han llevado ante los tribunales a artistas tan conocidos y queridos como Lola Flores, Ana Torroja o los protagonistas de Cuéntame, Ana Duato e Imanol Arias. Amén de la propia Shakira, que hasta dedicó una estrofa de una de sus canciones más famosas a tan desagradable circunstancia, culpando, eso sí, a su entonces esposo futbolista de la jugada, nunca mejor dicho. Y es que en el balompié hay otro filón: el de las deudas con Hacienda. Parece que algunos pretendían tener el mismo acierto tirando a portería que eludiendo al fisco. Pero no se puede tener todo.
La prueba evidente de que no se puede tener todo es la tristísima relación que ha existido entre quienes practican deportes de élite, particularmente el fútbol, y la creencia de que tienen patente de corso para todo, incluso para abusar sexualmente de cualquier mujer. El caso de Dani Alves fue la puna del iceberg, pero no es el único caso. Recordemos, sin ir más lejos, la condena de futbolistas mucho más modestos, como los del caso del Arandina, y alguno más que todavía está investigado. Sin generalizar, por supuesto. Solo faltaba
Y es que parte de la sociedad aun no ha entendido eso de que solo sí es sí. Ni siquiera quienes contribuyeron a la redacción de esa ley, según estamos viendo ahora mismo, y sin perjuicio, por supuestísimo, de la presunción de inocencia. Y ya bastante antes, ese movimiento llamado “MeToo desvelaba las actitudes de algunos famosos, que van desde los comportamientos sexualmente inadecuados, hasta las agresiones sexuales con todas sus letras, como esas por las que ha sido condenado quine otrora fuera un todopoderoso productor de Hollywood.
Y hasta cabe la combinación de artisteo y política de dinero y otras cosas en los banquillos de nuestros tribunales. Isabel Pantoja fue, en su día, la viva imagen de aquello que nunca pensamos que pasaría. Y, como la vida sigue, entró en prisión, cumplió su condena y hoy ha vuelo al candelero. O al candelabro, como dijo una famosuela en su día, una que decía que se dejaba la piel en el pellejo, nada más y nada menos.
Así que, con esto bajo el telón por hoy, en un estreno que mezcla Toguilandia con otros mundos. Pero queda el aplauso, y ese va destinado, sin duda alguna, para todos esos profesionales del derecho a quienes no les ha temblado el pulso a la hora de derribar barreras. Que es algo muy difícil