
Todo el mundo cree saber lo que es una amnistía. De hecho, ha habido algunas históricas como la nuestra del año 1977, que marcó una época y que como tal dio lugar a varios títulos en el cine, como Modelo 77. Más allá de nuestro país, encontramos títulos como Amnistía o Argentina 1985, entre otras. Y es que el cine siempre refleja la realidad histórica más o menos reciente.
En nuestro teatro parece difícil que, a priori, nos encontremos con algún caso en nuestro día, pero no cabe duda de que, con la que está cayendo, en pasillos y cafetería es frecuente tea de atención. Y no es para menos.
Pediré disculpas por la frivolidad, pero no puedo evitar contar una anécdota de mi infancia. Una infancia de niña de la Transición que no se enteraba de nada y que fue comprendiéndolo todo con el paso del tiempo. Pues bien, no sé si es algo que oía yo, o que alguien se quiso quedar conmigo y me lo contó así, pero es oír esa palabra y recordar un cántico que me hacía mucha gracia “libertad, amnistía y un chalé para mi tía”, Nunca he sabido si ese grito realmente existió o fue mi imaginación, pero lo que bien puede imaginar quine me lea es la cara de mis padres cuando me vieron llegar a casa gritando semejante lema. Y es que todo tiene su anécdota, por denso que parezca el tema. No hay más que rastrear un poco en la memoria. Y en el sentido del humor por descontado.
En estos días un tanto convulsos, se habla de “amnistía” con una connotación negativa, como una exigencia de alguien para que otro alguien logre algo -a bue entendedor…- y cuyo encaje constitucional cuestionan varias voces, más o menos autorizadas, con más o menos razón. Porque, como bien sabemos en nuestro teatro, en Derecho todo es opinable.
Sin embargo, la palabra Amnistía la primera evocación que nos trae, más allá de estas veleidades políticas. es positiva. De hecho, una de las organizaciones de Derechos Humanos más asentadas y prestigiosas se llama Amnistía Internacional. A ella se deben varios hitos de lucha por los derechos de todas las personas en situaciones francamente opuestas a todo lo que huela a libertad.
Por otro lado, las leyes de amnistía han supuesto, con más o menos acierto según el caso, la manera de acabar con un régimen dictatorial y atravesar la frontera de la democracia. Es el caso de nuestra Ley de Amnistía de 15 de octubre de 1077. Ley 46/77, a punto de cumplir 46 años. No está de más recordar lo que amnistiaba aquella ley, destinada a eliminar todo lo relacionado con delitos políticos de la dictadura. Así, amnistiaba:
a) Todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado, tipificados como delitos y faltas realizados con anterioridad al día quince de diciembre de mil novecientos setenta y seis.
b) Todos los actos de la misma naturaleza realizados entre el quince de diciembre de mil novecientos setenta y seis y el quince de junio de mil novecientos setenta y siete, cuando en la intencionalidad política se aprecie además un móvil de restablecimiento de las libertades públicas o de reivindicación de autonomías de los pueblos de España.
c) Todos los actos de idéntica naturaleza e intencionalidad a los contemplados en el párrafo anterior realizados hasta el seis de octubre de mil novecientos setenta y siete, siempre que no hayan supuesto violencia grave contra la vida o la integridad de las personas.
Un espíritu parecido tenía la denominada ley de punto final argentina y otras similares, con más o menos acierto en su redacción y en su interpretación.
Pero ¿qué es en realidad la amnistía? Según la Wikipedia es un instrumento jurídico del Poder Legislativo, que tiene por efecto la posibilidad de impedir en un periodo de tiempo el enjuiciamiento penal y, en algunos casos, las acciones civiles contra ciertas personas o categorías de personas con respecto a una conducta criminal «específica» cometida antes de la aprobación de la amnistía; o bien, la anulación retrospectiva de la responsabilidad jurídica anteriormente determinada. Por s parte, la RAE, la define, de forma corta, concisa y contundente como “Perdón de cierto tipo de delitos, que extingue la responsabilidad de sus autores”. Otra definición, que me aporta San Google, es la que considera la amnistía como “Derogación retroactiva de la consideración de un acto como delito, que conlleva la anulación de la correspondiente pena”.
De modo que sus fundamentales características serían la retroactividad, su referencia a supuestos determinados y que tiene lugar sin necesidad de que los hechos o las personas hayan sido enjuiciados, lo que la diferencia del indulto, que siempre se refiere a penas impuestas por sentencia firme y que ya tuvo su estreno.
El quid de la cuestión a fecha de hoy es si la amnistía tiene encaje constitucional o, es contraria a nuestra norma suprema. Y es difícil, si no imposible, dar una respuesta en barbecho. ES imposible saber si una eventual ley es inconstitucional si la ley siquiera existe. Habrá que esperar al momento, si se produce, en que se apruebe tal ley.
¿Y tiene encaje la figura jurídica en abstracto en nuestra Constitución? Pues no me queda otra que hacer un ejercicio de galleguismo ni si, ni no ni lo contrario. Es cierto, como se ha dicho, que la Constitución no la prohíbe, como no prohíbe tantas otras cosas, porque tendría que ser infinita para abarcar todos lo supuestos posibles, Lo que hay que discernir es si su aplicación vulnera algún precepto constitucional, fundamentalmente los que hacen referencia a derechos fundamentales. Y eso es imposible saberlo sin conocer los términos en que eventualmente se redacte. Y si no, a ver quién es la guapa que presenta un recurso de inconstitucionalidad contra una ley que no existe. Sería un recurso de inconstitucionalidad fantasma, y, o han cambiado mucho las cosas, o esto no está previsto en los supuestos susceptibles de recurso. Es lo que hay
Con todo, lo que es una auténtica lástima es que algo diseñado para zanjar una etapa e instaurar la concordia se utilice como un instrumento para logar exactamente lo contrario. La manzana de la discordia
Y con esto, acabo estas disertaciones, aunque del tema se seguirá hablando largo y tendido. Por eso daré mi aplauso solo a quienes piensas antes de hablar en los medios, que cada día son menos. Al resto, tomates. Y sin amnistía posible