
Como se acercan las Fallas, y siempre hay cuentos que contar, en este estreno comparto el cuento relacionado con la fiesta y mucho más publicado en el llibret de la Falla Cádiz Denia, a la que pertenezco, en versión en valenciano.
Que lo disfrutéis
PAYASA
– Y el Goya es para…
Mientras esperaba escuchar el nombre de la afortunada, un montón de recuerdos me invadieron. Fue como lo que cuentan esas personas que se encuentran a las puertas de la muerte y ven su vida pasar en imágenes alrededor de una luz blanca, pero sin luz blanca y sin muerte. Por fortuna, está claro.
Como cualquier flash back como corresponde, en aquellas imágenes había de todo. Recuerdos buenos, y malos, momentos especiales y momentos sin importancia. Y también había dolor, mucho de dolor.
Recordé el tiempo de escuela con rabia y tristeza. Volví a vivir, aunque fuera por un segundo, las humillaciones de lquitaban importancia al tema y los profesores afirmaban que era yo quién tenía que integrarme. Pero, ¿como me tenía que integrar con gente que todo lo que quería era reírse de mí y hacerme la vida imposible?
Se burlaban de mi afición al baile y al teatro, sobre todo porque mi aspecto no era el que se esperaba de una bailarina o una actriz. Yo tenía sobrepeso, llevaba unas gafas de culo de vaso y mi cabello era lacio y sin gracia. Pero, tenía toda la ilusión del mundo. De hecho, hubo una vez en que el profesor me preguntó la lección y, como me quedé bloqueada, me propuso que lo hiciera encima de una silla como si aquello fuera un escenario, y funcionó. Creo que fue lo único que funcionó.
Lo peor fue el día que, en un campamento, aprovecharon que estaba durmiendo para escribir en mi frente con tinta indeleble, “payasa”. Por más que froté, no se fue, y tuve que aguantar con esto. La profesora, sin embargo, quitó importancia al asunto y ni siquiera investigó sobre quien había hecho aquello. Solo nos dio, sin ganas, una charla, y nada más. Y, eso sí, me permitió volver a casa antes.
Yo soportaba las cosas como podía, pero, en varias ocasiones fanteseé con la idea del suicidio. Y lo hubiera hecho de no ser porque me llegó mi tabla de salvación.
Por consejo de una amiga de mi madre, me apuntaron a la falla del barrio. Yo ne tenía las más mínimas ganas de hacer amistades, pero fueron muy amables desde el principio. Fue entonces cuando alguien se dio cuenta de mi talento para los artes escénicass. Yo interpretaba, cantaba y bailaba cómo si hubiera nacido haciéndolo. No les importaban mis gafas ni mi sobrepeso.
Muy pronto llegaron los premios: saragüells al teatro fallero, premio a la mejor interpretación en play backs y muchas actuaciones. Tanto era así, que soportaba todo lo que pasaba en la escuela pensando en el momento de ir a la falla y ensayar. Y, de repente, cuando empezaron a llegar los premios, y a salir a los diarios, el acoso fue diluyéndose hasta el punto de que había quién quería acercarse a mí. Incluso, la misma profesora que estuvo en el campamento me propuso que hiciéramos una obra por un concurso entre colegios. Pero era tarde. No solo me negué sino que, finalmente, logré que me cambiaron de centro. Y todo va ser diferente.
Después estudié Arte dramático, pero, nunca dejé mi falla y sus representaciones. De hecho, hoy, en la ceremonia de los Goya, me acompañan algunos falleros que han conseguido entradas. Y sé que el resto estarán siguiéndolo por televisión.
– Y el Goya se para… Empar Alemany
No podía creerlo. El cabezón era mío. Era mi momento
– Muchas gracias a la Academia Quiero dedicar el premio a las personas que me han ayudado a llegar aquí, sobre todo a mi falla. Y también a los que, sin saberlo, hicieron de mí lo que hoy soy ese día que, para burlarse, me escribieron una palabra en la cara
Me quité el chal y se descubrió mi tatuaje. Una sola palabra en el pecho, payasa. Y a mucha honra.
El aplauso fue abrumador.