Roscón de Reyes: a ver qué nos cae


              La última de las tradiciones navideñas, con la llegada de los Reyes Magos, es la del roscón de Reyes, un dulce propio de la fecha que en algunos lugares tiene características propias (en mi tierra convive con la Casca de Reis). Dado su carácter propio, pocas o ninguna película le dedican su espacio, ni las pocas en que Los Reyes Magos aparecen. Y es que, como siempre digo, nuestra cultura audiovisual es muy anglosajona y ahí es Papá Noel quien gana por goleada.

              En nuestro teatro, no hay roscón de reyes que valga. El día 6 es el último del período inhábil navideño y, salvo para quienes tengan que atendar la guardia, los juzgados son un erial. Y es que hay que recibir a los Reyes como tocan.

              Este año quería dedicar la función no tanto a la carta a los Reyes que cada año escribimos sin mucho resultado, sino al roscón. Y no me refiero al dulce en sí, sino a las sorpresas que llevan dentro, que suelen ser una buena (el rey o similares) y la negativa, el haba, que determina quién habrá de pagar el roscón al año siguiente. Así que toca ver qué o quién se lleva cada una, y si lo merece.

              En cuanto a lo positivo, llevo un rato pensando y me cuesta encontrar algo. Porque el año judicial ha venido marcado por la entrada en vigor de la llamada ley de eficiencia que, hasta el momento, no ha demostrado ser muy eficiente. Veremos a ver qué pasa cuándo acabe la transformación de los juzgados de toda la vida en tribunales de instancia. Aunque yo sigo teniendo la impresión de que se trata de los mismos perros con distintos collares. O con unos collares un poco más menguados, si supone la reducción de plazas de funcionariado. El tiempo lo dirá.

              Otro de los hitos, este claramente negativo, ha sido la imputación y posterior juicio y condena del Fiscal General del Estado. Un hecho inaudito en nuestro Derecho que se mire por donde se mire, ha creado un precedente peligroso y dañado considerablemente la imagen de la justicia. Veremos si el año venidero nos trae la resolución de un recurso ante el Tribunal Constitucional.

              Tampoco ha hecho nada de bien a nuestra sufrida Toguilandia la continua judicialización de la política, o la politización de la justica, no sabría muy bien como enfocarlo. Pero nos estamos acostumbrando peligrosamente a los desfiles de políticos por juzgados y tribunales, de una parte, y al “denuncia, que algo queda” de otra. Y ni una cosa ni otra nos favorece lo más mínimo.

              Ahora, para acabarlo de arreglar, nos hemos de salir del ámbito del Derecho interno y entrar de lleno en el Derecho Internacional, habida cuenta la última -me temo que penúltima- acción del presiente norteamericano sobre Venezuela. Y hay que ver como de repente salen de debajo de las piedras todólogos que saben todo de Derecho Internacional, aunque no hayan pisado una facultad de Derecho en su vida. Aunque lo que realmente me preocupa de esta cuestión es la confusión entre la condena al régimen de Maduro y el a todas luces inmerecido aplauso de la acción norteamericana que se salta todas las normas internacionales. Veremos cómo evoluciona.

              Así que, al final, muchas habas y pocos reyes. Porque lo de la tan cacareada instrucción del fiscal ni está ni se la espera, por más que lo anuncien a bombo y platillo. Y que como no sea con dotación de medios, más vale no meneallo.

              Por todo esto, hasta aquí el estreno de hoy. El aplauso lo diferimos para un futuro, a ver quién paga el haba.

              No obstante, no me resisto a compartir como imagen no solo el roscón tradicional sino la versión libre que hacemos en mi casa. Una tradición que empezó cuando mi padre no podía probar el azúcar y entonces no existían las versiones sin, y que hemos mantenido aunque ya hace mucho que no está con nosotros,

Deja un comentario