Olvido líquido: La dana y las fallas


Relato finalista del concurso de El Turista Fallero (traducido del valenciano)

Imagen de madebycarol

-Vuelve a casa! Vuelve a casa!. El yayo vuelve a casa!
María estaba emocionada. A pesar de que todavía era una niña, aquello que había vivido en los últimos tiempos lo había hecho madurar de repente. Pero, fuera como fuera, el que era una constante era su adoración por su yayo
María, y también toda su familia, pensaban que lo habían perdido. El desbordamiento del barranco por la Dana lo pilló su taller de artista, mientras trabajaba en su pasión y su oficio: la creación de fallas. La Dana se llevó el taller de Antoni con todos sus muñecos, y a punto estuvo de llevárselo a él. Se salvó en el último momento, cuando un helicóptero lo rescató de arriba de una estructura de madera, que era todo el que quedaba de su gran proyecto para las fallas de este año.

-Tenemos que tener muy presente el que han dicho los médicos -dijo la madre de María- Él no se acuerda de nada del que ha pasado. Tenemos que tener cuidado para que no se ponga nervioso. Nada de hablar de la Dana. ¿Está claro?. Por suerte, en la casa apenas se nota ya, después de dos meses

-¿Y si pregunta por el taller? No queda nada, madre

-Ya veremos como lo hagamos. Pero hay que fingir. No tenemos otro, de remedio

-?Que difícil, madre! Qué difícil lo ha puesto la Dana!

-¡María! -viene retomarla la madre- No vuelves a pronunciar esa palabra. O se te escapará con el yayo. Y ahora pone tu mejor sonrisa, que ya llega con tu padre

-Está bien, mamá.
Antoni llegó a casa algo más delgado que antes. Aparentemente, era lo único que lo diferenciaba del Antoni de antes del desastre. Sin embargo, María notó otra mirada en sus ojos. No podía explicarlo, pero él se daba cuenta.
-Escuchadme -dijo Antoni una vez estaba instalado- Ha pasado mucho de tiempo sin trabajar al taller, y el tiempo se nos comerá. En nada estamos en Fallas

-Padre -dijo su hija- Ha dicho el médico que todavía tienes que descansar. Nada de trabajar de momento

-Pero estoy bien. El médico ha dicho que solo fue un susto por la tensión

-Ya, pero todavía es pronto. Espera unos días

-Yayo -intervino María- que no te quite el sueño. Descansa y en una semana te incorporas. Yo te ayudaré cada tarde al volver de escuela. Sabes que me gusta mucho

-Es verdad. Y te das maña. Me fío de ti. Pero solo una semana. ¿Entendido?

-Sí, yayo
La madre de Maria le tiró una mirada asesina. Disimulaba cómo podía, pero la cogió por banda después
-Pero Maria. ¿Cómo le dices esto? En una semana no está listo el taller, ni los ninots, ni nada
-Pues tendrá que estar. Limpiaremos el taller y lo dejaremos perfecto. Pediré herramientas a otros artistas. A buen seguro que nos ayudan

-¿Y los ninots que estaban hechos? Los que…desaparecieron?

-Ya lo he pensado. Lo diremos que se los han llevado por una exposición. Y que se tiene que centrar al nuevo encargo

-¿Qué encargo?
-Te lo cuento. Fingiremos una llamada encargándole una falleta infantil.

-¿Y no se dará cuenta? Conoce nuestra voz
-Madre, te ahogas en un vaso de agua. Parece mentira, con toda el agua que hemos sufrido
-¿Entonces?
-He hablado con Mateu, el hermano de mi amiga Empar. Fingirá que es el presidente de una falla que pide sus servicios
-Lo tenes todo pensado, hijita

-Por el yayo, el que sea
Dicho y hecho. En una semana entre María, sus padres, compañeros y amigos de Antoni, el taller estaba listo. Parecía el mismo que antes de que el agua lo destrozara.
Cuando volvieron, encontraron Antoni entusiasmado
-¡María! Tendrás que ayudarme mucho. Tenemos un nuevo encargo.
Una semana después de su alta, Antoni estaba con María al taller. Habían conseguido su propósito

-Maria, tengo una idea para la falleta

Di, yayo

-El tema sería una inundación. Y la colaboración de todas las personas para hacer como si no hubiera pasado nada. ¿Qué te parece?

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