Bloqueo: sanseacabó


              Hay varias maneras de reaccionar ante algo que no nos gusta. O de no reaccionar, que también es un modo de hacerlo. Y, cuando no reaccionamos, es porque sufrimos un Bloqueo, término que ya dio nombre a una película en 1938. Poco podrían imaginar sus protagonistas de entonces las nuevas acepciones de esa palabra.

              En nuestro teatro, el bloqueo existe en sus diferentes acepciones. Aunque a veces ni siquiera nos demos cuenta.

              En primer término, todo el mundo en Toguilandia hemos sentido alguna vez lo que es padecer un bloqueo. De repente, las palabras se quedan atascadas en nuestras cabezas y se niegan a salir a la superficie o, lo que es lo mismo, no nos salen por más que nos esforcemos. Cualquiera que haya estudiado se ha encontrado con una situación de ese tipo, en la que, por más que nos hayamos preparado, nos quedamos en blanco. Y pobres de nosotras si eso nos ocurre en la oposición, porque un bloqueo en ese momento es una oportunidad perdida y, en el mejor de los casos, un año más hasta poder aprobar. Poca broma.

              Pero las posibilidades de sufrir un bloqueo no se acaban ahí. Están siempre presentes, y cada vez que tenemos un juicio importante, aparecen los nervios () que, si no se controlan, pueden dar con todo nuestro trabajo al traste. Son esas veces en las que se nos va el santo al cielo como ya contamos en otro estreno. Y no solo hay que tratar de evitarlo, sino que, si pasa, hay que estar preparada para salir adelante. Como esas veces en que aparece un testigo del que no sabíamos nada y empezamos con “¿Recuerda usted lo que pasó?’”, cruzando los dedos para que no solo lo recuerde, sino que nos lo recuerde a quienes estamos ahí, con la toga in albis.

              No obstante, hay otras acepciones de bloqueo, especialmente en nuestro mundo actual de redes sociales y amistades virtuales. Según el diccionario de la RAE, el bloqueo es sinónimo de una obstrucción o atasco, y también lo es de aislamiento, cerco, o sito. De modo que, combinando ambos, nos encontramos que bloquear a alguien es obstruirle, impedirle hacer algo para dejarle, finalmente, aislado.

              Si lo trasponemos esto al mundo digital, nos encontramos un concepto cada vez más fr4ecuente de bloqueo, el que tiene lugar cuando se impide a alguien acceder a nuestro teléfono o a nuestra cuenta de una determinada red social. Se puede bloquear en Whatsapp, y también en redes sociales como Twitter (hoy X), Facebook o Instagram, y se impide al bloqueado ver ninguna información de quien le ha bloqueado ni poderle contestar. Pero, cabe preguntarse ¿es conveniente bloquear a alguien que nos está acosando? La respuesta podría ser muy clara, pero en realidad no lo es tanto. Porque a veces las cosas no son lo que parecen.

              A lo largo de mi experiencia -ya, bastante considerable- en Toguilandia, me he encontrado con una pregunta recurrente por parte de alguno de los intervinientes en el juicio, en la declaración o en el acto de que se trate ¿Y usted bloqueó al investigado? O, más directa aun, ¿por qué no le bloqueó?

              Pues, como decía, las cosas no son tan sencillas. Cuidado con esos bloqueos, que son lo que nos pide el cuerpo en cuanto alguien nos molesta, porque en realidad lo único que conseguimos con ello es cerrar los ojos, para hacer realidad eso de “ojos que no ven, corazón que no siente”, pero eso no supone que la persona deje de insultarnos, aunque ya no pueda contactarnos, sino que no lo veremos. Y no es que la curiosidad mató al gato, sino que hay que estar prevenida. La información es el poder, como reza un conocido dicho.

              Pero aun hay más. Si bloqueamos podemos estar cargándonos la prueba. O la posibilidad de obtenerla, y a se sabe que en Derecho Penal sin prueba no vamos a ningún sitio. Tampoco puede reprocharnos nadie el que no lo hagamos hecho, aunque alguna vez se haya insinuado algo parecido. Nunca se pude culpar a la víctima.

              Por supuesto, aquí no hay fórmulas mágicas, ni recetas imbatibles. Cuando la molestia de las llamadas o mensajes es absolutamente insoportable, hay que plantearse el bloqueo, no sin antes preservar todo lo que enviado hasta entonces en aras a la fase probatoria del juicio. Pero, si no es algo absolutamente insoportable, conviene guardar y dejar al malo que desbarre, que cuanto más lo haga, más fácil nos pone la condena. Verdad verdadera.

              Y hasta aquí el estreno de hoy. Espero que nadie se quede bloqueado a la hora del aplauso, que buena falta nos hace. Sobre todo, si hemos sufrido un bloqueo

Deja un comentario